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jueves, 25 de septiembre de 2014

Capítulo 19

Hoola tributos!!
Bueno, como estaba prometido aquí teneis el capítulo 19, de verdad espero que os guste. Ojalá disfrutéis lo mismo o un poco más de lo que lo hago yo escribiendo. Muchísimas gracias por todo, de verdad. No olvidéis comentar :3
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-Ve tu delante Nacho, yo te cuido las espaldas- Dice Gonzalo
-Seguro?- Pregunto
-Completamente, además tu eres el que tienes la brújula- Contesta
Con el hacha bien agarrado en la mano voy mirando de vez en cuando la brújula para no desviarnos del Norte. Intento hacer el menor ruido posible pero al cortar la vegetacion que se interpone entre nosotros se escucha el sonido del acero. Tengo miedo de encontrarme con otro tributo porque no voy a ser capaz de matarle, andamos pendientes de seguir la brújula y de vez en cuando se vuelve loca por el electromagnetismo del campo de fuerza que nos separa del exterior pero por lo demás todo está tranquilo, demasiado tranquilo. Caminamos en silencio hasta que un chillido rompe el silencio.
-Pum!- Cañonazo. Estoy tranquilo, esa voz no era de María así que me tranquilizo y continúo andando hasta que Gonzalo me detiene. -Chsst, la cornucopia está ahí- Y me paro en seco. Nos tumbamos tras dos matorrales y comprobamos la zona varias veces, en la cornucopia están los del distrito 1. También veo a otro tributo correr a la cornucopia, coger cosas y volver corriendo. Los del 1 también le ven y es entonces cuando me doy cuenta de quien es.
-¡¡¡Maria!!!- Grito a pleno pulmón mientras salgo de los matorrales con el hacha bien sujeta. Consigo distraer la atención de los del 1 unos segundos pero la chica saca un cuchillo y se dispone a lanzárselo, la he visto lanzarlos en los entrenamientos y casi nunca falla. Empuño mi hacha y la adrenalina me recorre todo el cuerpo, corro hacia ella y con toda mi fuerza le clavo el hacha en el estómago como si de un tronco se tratase. Mientras tanto Gonzalo pelea con el chico y unos segundos más tarde suena el cañonazo de la chica, me empiezo a poner nervioso, he matado a una persona lo cual me convierte en un asesino. Por mucho que lo niegue es verdad, ahora juego a su juego, solo soy una de las 26 piezas que necesita este juego para funcionar, un simple peón. Empujo al del 1 que creo que se llama mateo y cojo de la mano a Gonzalo y a María y nos vamos corriendo al pueblo, cuando nos hemos perdido entre las calles decidimos entrar en una casa a descansar así que subimos al primer piso y nos escondemos lo máximo posible.
-Nacho, necesito ayuda- Me dice Gonzalo con un cuchillo ensangrentado en la mano. -Mira- Y se da la vuelta enseñandome la espalda. Casi me tengo que contener las arcadas del asco que me produce ver eso. El del uno le ha acuchillado en el homoplato derecho aunque no se lo ha llegado a romper.
-Tranquilo Gonzalo, te voy a arreglar eso.- Le digo mientras le hago señas a María de que me pase la mochila. Saco el kit de supervivencia y en un poco de algodón echo agua oxigenada para desinfectar la herida, después de limpiarla bien le doy un calmante para el dolor de los minutos siguientes. Cojo el hilo y la aguja y lo enhebro bien, atravieso el hilo por la piel de Gonzalo y el pega un grito. -Shhh, sé que duele Gonzalo. Solo tranquilizate- y sigo cosiendole la piel como si de un jersey se tratase. Diez minutos después ya no tiene agujero en la espalda así que le mando que se termine la sopa de pescado y que se duerma, antes de dormir le doy otro calmante porque ahora cuando se le enfríe la herida le va a doler muchísimo más. Cuando consigo que se duerma me siento al lado de María y le doy un beso porque llevo sin verla varios días, le cuento toda mi aventura y como conocí a Gonzalo, ella me cuenta que de vez en cuando iba y les robaba provisiones a los del 1, también que Johanna le envió un cuchillo
-Ahora ya juntos para siempre, si mueres moriré contigo- Le digo y le abrazo para compartir el calor. -Tienes hambre?- Le pregunto y ella me responde que sí. Ahora mismo la única comida que me queda son tiras de cecina así que reparto el paquete de 10 en dos pilas de 5, le doy 5 tiras a María y yo me como las otras 5. -Ahora no tenemos nada para comer- pienso -Mañana saldré con María a cazar- Entonces mientras estábamos en silencio escucho que se abre la puerta del piso de abajo -Mierda- Escondemos a Gonzalo bajo unas mantas, yo me meto debajo de un armario y María se metió debajo de la cama. Temo por Gonzalo ya que María y yo estamos despiertos y podemos defendernos pero él está dormido, minutos después oigo dos personas que suben las escaleras y vienen a la habitación donde estamos nosotros, con las linternas empiezan a alumbrar todo hasta que se marchan. -Uff- pienso -Ha faltado un pelo- Cuando les escuchamos salir a la calle nosotros salimos de nuestros escondites, aún puedo escuchar los latidos apresurados de su corazón y seguro que ella también los míos. Le mando que se vaya a dormir y mientras tanto yo hago la guardia toda la noche, con las gafas para ver en la oscuridad me quedo observando a María dormir, de vez en cuando la brújula se vuelve loca por el electromagnetismo y me da miedo que se estropee por eso la guardo. A media noche suena el himno y me asomo corriendo por la ventana, primero sale la chica del 1, a la que maté y después el chico del 13. Le doy vueltas a lo de la tributo del 1, seguro que sus padres me odian ahora mismo pero yo me odio más, no sé como he sido capaz de hacerlo. Luego me siento apollado en la pared y me entra el sueño, ahora hecho de menos el café que me mandó Johanna. De vez en cuando cierro los ojos pero los vuelvo a abrir rápidamente hasta que una de esas veces los cierro y no me vuelvo a despertar hasta que aparecen los primeros rayos de sol a través de las cortinas de la ventana.
-Buenos días- Le digo a María
-Hola Nacho- Contesta cansada
Intentamos despertar a Gonzalo pero sigue dormido, tengo miedo de haberle dado demasiados calmantes. Como no se despierta le tapamos con una manta y María y yo nos vamos a cazar algo para comer, yo cojo mi hacha y ella su cuchillo. Entonces cuando salimos por la puerta escucho el pitido, ese pitido que suena cuando cae un paracaidas.
María lo abre y me pregunta -Café?- y con cara de dudas me pregunta que a que viene esto. Le cuento que el café significa que todo va bien, que está contenta con lo que hago. Como nos quedan 4 fresas le doy tres a María y yo me como una, también bebemos un poco de café cada uno y el resto lo guardo en la mochila. Caminamos hasta el bosque sin que nos vea nadie y allí nos separamos, le mando a María a recolectar frutos y mientras tanto yo me voy con el hacha a ver si cazo algún animal. Agudizo el oido y camino hasta que me encuentro con un grupo de pavos silvestres -Esta es la mía- Les lanzo el hacha y consigo matar a uno. Rápidamente vuelvo a hacerme con el hacha y se lo vuelvo a lanzar -Ya tengo dos- Recojo el hacha del suelo y también meto los pavos en la mochila, prosigo mi camino hasta toparme con una mochila. Se lo que significa, hay un tributo cerca. Abro la mochila a toda prisa y de ella saco un saco de dormir y una granada de mano -Una granada... Estos juegos van a ser interesantes- Guardo el saco en mi mochila y la granada en el bolsillo, después corro. Corro hasta toparme con María y me la llevo de la mano a nuestra casa.
-¡Que pasa!- Pregunta jadeando
-Un... tributo...- Contesto yo casi sin respiración
Subimos y al llegar a nuestra habitación veo que Gonzalo ya está despierto. -Donde estabais?- Le cuento que hemos ido a cazar y que hay tributos cerca. También les enseño el saco de dormir, la granada de mano y los dos pavos silvestres. La simple idea de volver a tener comida fresca hace que se nos haga la boca agua a los tres así que enciendo fuego con una de las técnicas que aprendí y rápidamente lo apago con la bota para que no produzca humo, limpiamos entre los tres los pavos silvestres y los colocamos sobre las brasas. Ahora me acuerdo de los momentos de caza con papá, siempre obtenía un buen botín con su hacha y lo cocinabamos sobre brasas para que tuviese ese olor a ahumado que tanto me gusta. Cuando los pavos ya están listos nos comemos uno entre los tres y luego comemos unas frutas anaranjadas que ha traido María, las frutas no eran venenosas pero tenían un sabor ácido que era un tanto extraño y no recuerdo haberlas nunca, ni siquiera en el Capitolio. Guardamos el resto y sacamos las cosas de nuestras mochilas para organizarnos, le mando mientras tanto a María a buscar una mochila para ella y vuelve media hora después con una mochila vacía que ha encontrado por la casa. Tiene un agujero pero lo coso con el hilo y la aguja del kit de supervivencia, a ella le doy para que lleve la comida, la cacerola, la cuerda  y yo me quedo la brujula, el saco de dormir, el kit de supervivencia, las gafas para ver en la oscuridad y la botella vacía. Guardamos todo y a Gonzalo le metemos sus cosas en su pequeña mochila,
 A media tarde Gonzalo ya se ha recuperado totalmente así que nos cargamos nuestras mochilas y salimos de la casa. Calculo que salir del pueblo nos costará bastante tiempo porque ayer al asomarme a la ventana para ver a los tributos caidos descubrí que el pueblo era un laberinto y no era precisamente pequeño.
-Sabéis algo acerca de laberintos?- les pregunto a María y a Gonzalo esperando a que me ayuden a salir de aquí. Gonzalo niega con la cabeza pero María dice que se acuerda de haber leido un truco en algún libro pero que no se acuerda de que era entonces le doy una pequeña palmada en el hombro y grita -¡Eso es!- mientras se levanta rápidamente.
-¿Qué pasa?- le digo yo
-Tu palmada! Me has dado la pista para salir!- Contesta ella alegre
Rápidamente nos explica con pelos y señales cual es la forma de salir del laberinto, lo que hay que hacer es poner la mano en la pared y seguir siempre caminando con la mano en la pared hasta que llegues a la salida. Es la forma más lenta de salir pero es seguro al 100% a no ser de que el Capitolio tenga algún truco para confundirnos. Con nuestras mochilas al hombro y nuestras armas en la mano emprendemos nuestra marcha con una mano apollada en la pared, caminamos hasta que oscurece y suena el himno aunque nadie ha muerto hoy. Cuando se termina el himno decidimos parar a dormir porque no creo que vayamos a salir hoy y mucho menos de noche así que extiendo el saco de dormir en el suelo y me meto en él junto con María. Gonzalo insiste en hacer la guardia toda la noche ya que hoy ha dormido muchísimo cuando estaba enfermo por lo que me acurruco mejor en el saco y abrazo a María, con su calor y el del saco de dormir casi ni me doy cuenta del frío de la noche por lo que en menos de cinco minutos ya estoy dormido. No sé como puedo dormir tranquilo, ayer le quité la vida a una chica que seguramente tendría amigos, pareja... Cuando llegué aquí prometí que iba a jugar a mis propios juegos pero al final me han controlado, me he vuelto uno de ellos, un asesino.

6 comentarios:

  1. Muy buen capítulo, Nacho!!! Me gusta demasiado tu historia, en verdad. Espero tu siguiente capítulo.
    Saludos =D

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    1. Jenn!! Muchìsimas graaacias!! El siguiente capii lo subiré mañana, te aviso!!
      Un besoo :3 Nacho

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  2. Me ha gustado el capítulo, el pobre Nacho lamentándose de que ha tenido que matar pero es que si quiere vivir y, o, salvar a María va a tener que luchar, no hay muchos tributos que hayan ganado los juegos sin matar, tendrá que buscar otro método de demostrarles que no pueden controlarlo. Me gusta la historia :)

    Veremos como se las arreglan ahora, me ha gustado tu historia. :)

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    1. Mee alegra que te haya gustado!! Y opino lo mismo que tu, que si quiere salvar a María tendrá que luchar y el no sabe lo que se le viene encima xD Espero que los demás te gusten mucho más que los anteriores:D
      Un besazo :3 Nacho

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