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domingo, 15 de febrero de 2015

Capítulo 36

Hoola tributos
No tengo mucho tiempo, solo deciros que es algo corto y que os lo compensaré de alguna manera. Un beso:3
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-Un placer hablar con usted- le digo al anciano señor al terminar -Muchas gracias- y rápidamente corro a encontrarles.

-Nacho Jausoro!- me grita una conocida voz -Oh no, otro no- pienso y esta vez veo acercarse a Caesar Flickerman -Nacho ven! Ven a que te presente a algunas personas!- Me resigno y sigo a Caesar ya que la otra opción es que algún anciano extravagante me atrape para contarme sus historias. Tras media hora de charla y copas consigo excusarme para ir a dar una vuelta por la mansión, de vez en cuando me saco alguna foto con la gente o firmo algún autógrafo. Hacia las nueve, cuando me entra el hambre me dirijo al comedor donde espero encontrarme con alguien conocido aunque no hay nadie. De cada mesa como las cosas más apetecibles y cuando estoy a punto de reventar vuelvo al hall principal, donde antes me he fijado que había unas escaleras protegidas por dos guardias. -Tiene que haber algo ahí, algo que me dé alguna pista de los juegos- así que disimuladamente cojo una copa de vino y la dejo caer sin que nadie se de cuenta. La gente se pone a gritar y exclamar y aprovecho el momento en el que los guardias han ido a ver que pasa para colarme. Subo las frías escaleras de mármol lo más rápido que puedo y al llegar arriba me siento para tomar aliento, ahora el corazón me va a mil así que tengo que ir con sumo cuidado ya que puedo oír a los guardias pasearse por los pasillos. De puntillas atravieso los pasillos hasta llegar al final del pasillo.

-Aquí es a donde quería llegar- digo al leer el cartel -Empujo suavemente la puerta después de asegurarme que la sala está completamente vacía y entro. -A ver, como enciendo ahora esto- pulso cientos de botones y consigo encender el enorme ordenador -Mierda, la contraseña- no se me había pasado por la cabeza, pruebo cientos de cosas, su dirección, los nombres de su familia... todo -Menuda mierda- pienso. Cuando estoy a punto de desistir, ya por probar pongo mi nombre y me da un vuelco al corazón -Soy yo!- grito -La contraseña soy yo-

Acabo de acceder a todos los datos de Panem, ahora mismo tengo el control de todo. Rápidamente busco la carpeta de los juegos del hambre de este año pero hay otro tipo de cifrado, este sin contraseña, es una especie de bloqueo especial que se abre desde otra parte. -Genial- suspiro -Todo esto para nada- Al escuchar ruido en el pasillo apago el ordenador a todo correr y me escondo tras un armario justo a tiempo de que entren dos personas que no logro ver desde mi posición, recogen unos papeles y cuando se estan llendo una voz familiar dice -Sigue tú Amelie, ahora mismo me reuno contigo- se me estremece el cuerpo y cuando la mujer sale la voz familiar dice -Ignacio Jausoro, sal de ahí- ahora le reconozco, es Snow- me levanto y con miedo voy donde está él.

-Digame- le miro a los ojos y su olor me produce una arcada que intento disimular

-Por motivos que no te incumben, técnicamente no puedo matarte diréctamente- busca las palabras con mucho cuidado y detenimiento -Has causado muy buena impresión en el pueblo, digamos que les has gustado demasiado- sonríe maliciosamemte -Aún no puedo tocarte y debo hacer caso al pueblo pero ten seguro que pagarás más que caro por esto, carísimo- se ríe a carcajadas y continúa hablando -Yo que tu, tendría cuidado por donde ando- Y se va dejandome en la sala. Salgo de la habitación y a toda prisa atravieso los pasillos, repito la misma distracción de antes, desde arriba tiro un vaso y aprovecho el momento para pasar desapercibido. Al llegar abajo vuelvo al comedor y me vuelvo a poner morado de canapés y de cosas deliciosas, mientras estaba cenando me encuentro con una mujer firme y directa que se presenta como la nueva vigilante jefe. Tras una larga charla me dice algo que es bastante interesante. Que los juegos iban a ser demasiado interesantes, muchísimo -Muchas gracias por todo- sonrío y le beso la mano, todo lo que haga ahora repercutirá en mis futuros tributos así que procuro parecer adorable.

Demasiada información, además después de lo de Snow y de la gente que me rodea y casi no me deja respirar de lo cerca que estaban todos de mí me empiezo a saturar. Realmente lo estoy pasando mal y estoy solo -¡¡GONZALO!!- Grité cuando le ví a lo lejos también solo -Gonzalo!- aparto gente y me hago paso empujando, al llegar casi le piso de la emoción de haber encontrado a alguien conocido. -No te separes nunca más de mí- le digo serio mirándole a los ojos -Tengo una cosa muy importante que decirte Gon-

-¿Es necesario que me lo digas ahora?- dice -Lo siento Nacho, pero te tengo que dejar, hay gente que quiero saludar- sonríe -¿Por qué no buscas a alguien más?

Voy hacia la pista de baile y ahí me mezclo con la gente, bailo con señoras y las hago girar aunque no se me da muy bien. Cuando ya estoy cansado y desisto en mi búsqueda decido sentarme en una silla a esperar a que salga Snow por el balcón y de fin a la fiesta. Nada más sentarme aparece Paula que se sienta a mi lado

-Hola- dice feliz -¿Que animada esta la fiesta no?

-Hola Paula- sonrío desanimado -Yo no la estoy disfrutando tanto, es más, tengo algo que contaros-

-Ya me lo dirás luego!- grita mientras un joven le tira del brazo para llevarla a bailar.

Y otra vez me vuelvo a quedar solo, solo ante el peligro. Cuando se acerca un camarero cojo una copa de alcohol y me la bebo de un trago, después otra y otra más. Una vez que ya estoy otra vez con las pilas cargadas bailo y canto. No soy realmente consciente de lo que hago debido a los efectos del alcohol pero lo cierto es que no me importa nada, ahora estoy de mucho mejor humor y esto ayuda ya que así me relaciono mucho mejor con la gente. Cuando llego a un momento en el que la cabeza me da vueltas me siento un poco pero me ofrecen otra copa y no me puedo negar.

-Nacho!- grita Sophie -Me alegra que te hayas integrado tan bien en la fiesta- sonríe y me da dos besos -Siento haberte perdido antes, pero después de tí se han perdido todos los demás- Se ríe -Uy! ¿Estás borracho?-

-un poquito- digo pero casi no se reconocen mis palabras

-Tomate esto- saca una pastilla y me la ofrece -Seguirás contento pero no te afectará tanto-

Me la tomo y le abro la boca para que lo compruebe. Cuando me la trago me siento mucho mejor así que vuelvo a la pista de baile y pierdo de vista a Sophie. Bailo hasta acabar rendido y cuando ya estoy muerto aparece Snow en el balcón.

-Enhorabuena vencedores de los centésimos juegos del hambre!- sonríe falsamente y continúa -Espero que disfrutéis de la fiesta, al fin y al cabo, es para vosotros!- Me mira fijamente al igual que a Sophie, Paula y Gonzalo, que son los únicos que están en la sala. -¡Que siga la fiesta!-

Un escalofrío me recorre el cuerpo, no sé, siento que algo va a pasar.

domingo, 8 de febrero de 2015

Capítulo 35

Hoola tributos!
Aquí me teneis, he intentado sacar algo de tiempo para subir el capitulo^^ Aquí lo teneis, disfrutadlo:3
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-Genial...- digo con un tono sarcástico -Tengo unas ganas locas...-

La gira de la victoria ya está llegando a su fin y ya estoy cansado después de estas semanas, han sido dos largas semanas en las que he conocido mejor a mis compañeros y he revivido muchos recuerdos pero mi cuerpo tiene un límite, y lo único que que quiero es terminar esto cuanto antes. Tampoco me apetece volver a ver a Snow, y tengo el presentimiento de que me encontraré con él.

-Cuánto queda exactamente?- pregunto a Sophie

-Tres horas- contesta Mateo -Acabo de preguntar en la sala de máquinas y me han dicho que en tres horas llegamos-

-Bien- Dijo Sophie con su afinada voz -Id a prepararos, Gonzalo y Nacho, teneis que pasar por los estudios de Televisión antes de la fiesta. Paula, tu tienes que ir con ellos pero a otro programa, Pablo y Mateo id a el teatro, allí hay una obra en honor a vosotros cinco y vais a ir vosotros dos- Levanta la cabeza de su agenda y sonríe -Suerte chicos-

Voy a mi habitación, me desnudo y camino lentamente sobre el frío suelo de mármol hasta llegar a la ducha. Abro el grifo, me pongo bajo el chorro de agua y pulso algunos botones de memoria, al final, recupero mi antiguo olor avainillado y al salir paso por la alfombrilla eléctrica para secarme el cuerpo por completo.

-Tengo que causar furor- pienso

Abro el armario y echo un primer vistazo a todas mis prendas, tengo desde sudaderas; demasiado informal, hasta trajes que son demasiado formales así que me decanto por un jersey gris de punto de cuello alto y unos pantalones color mostaza. -¿Que guapo no?- se ríe y se deja caer sobre la cama -¡Paula que susto!-

Me lavo los dientes, me pongo algo de colonia y me peino, aunque luego me vuelvo a despeinar un poco porque lo prefiero así. Saco la foto y la carta de María de mi bolsillo y las observo, -Te echo de menos sabes?- susurro -Dame fuerzas hoy-

Salgo junto con Paula y esperamos con Mateo, que viste un traje azul eléctrico y parece que Sophie le ha maquillado un ojo de azul a juego con su traje. Minutos más tarde aparece Gonzalo con una americana negra desabrochada y unos bonitos pantalones blancos. El último en llegar es Pablo, que viene con el maquillaje rojo de Sophie a juego con su traje.

-Chicos, teneis que ir a los lugares a los que os mandé esta mañana, la fiesta es a las diez así que tendréis la tarde libre- me mira y sonríe -Podeis hacer lo que queráis-

Cuando el tren entra en el tunel anterior al capitolio, empiezo a prepararme para el día de hoy. Al salir, la magestuosidad del Capitolio me vuelve a sobrecoger, incluso después de ya haberlo visitado. -Sonrisa fingida y risa tonta- pienso -Vamos a ello-

Bajamos del tren eléctrico y la multitud se echa sobre nosotros, nos sacan fotos, nos aplauden... Ahora somos las estrellas del capitolio. Pero no todas las estrellas relucen, estas estrellas han tenido que asesinar para convertirse en lo que son. Caminamos entre la multitud de gente hasta llegar al centro de la ciudad, parece que a Mateo y a Paula les gusta esto pero a mí, a Pablo y a Gonzalo nos parece lo más repulsivo del mundo. Parece que Pablo se da verdadera cuenta de donde está y empieza a jugar su papel de mejor amigo de Paula y de graciosillo así que yo intento hacer lo mismo, al fin y al cabo, soy un Peenick, como dijo Sophie. Al llegar a los estudios de televisión nos despedimos de Pablo y Mateo y rápidamente unas señoras muy maquilladas nos llevan a nuestros camerinos.

-¡Bienvenido de nuevo al Capitolio Nacho!- gritan Flora, Blonda y Gilly

Parece mentira pero al final les he cogido cariño, son incluso entrañables. Entre las tres les dan algunas ordenes básicas a las maquilladoras que se encargan de mí acerca de cómo me tienen que dejar aunque ellas no me tocan. Al cabo de media hora estoy alucinante y ya estoy listo para salir en directo, unos minutos antes llega Paul.

-Nacho!- me abraza -Me alegra que estés bien- me suelta y me mira a los ojos -La gente te adora, eres el preferido junto con Gonzalo, por eso estais aquí los dos. Juega bien tus cartas Nacho, seguro que hay algo que necesitas fuertemente y no tienes.- Guiña un ojo y dice -Ellos te lo darán-

Vuelvo a estar en la sala de espera donde el ascensor, no se si podré subir a ese cacharro, les tengo verdadero pánico desde que monté en el de la sala de lanzamiento. Escucho a Caesar hablar y caldea el ambiente con unos chistes, cuando nos presenta me monto en la plataforma e instantes después aparecemos en escena, caminamos hacia las dos butacas que hay y antes de sentarme me remango para hacer visible que aún llevo el brazalete dorado con esmeraldas como uno de los ganadores de los centésimos juegos del hambre.

-Nacho! Gonzalo!- Grita -Bienvenidos de nuevo, vencedores del cuarto vasallaje de los veinticinco-

-Gracias Caesar, nos encanta venir aquí. Nuestro público es fantástico!- contesto y me sorprendo de mis palabras, Caesar me mira y me guiña un ojo, supongo que querrá ayudarnos en la entrevista

-Bueno chicos, hemos preparado un pequeño video sobre vuestros juegos- ríe y se acomoda -Disfrutad de él-

Cuando termina lo comentamos y contamos algunas cosas más sobre los juegos y la arena, jugamos a un juego que nos tenía preparado Caesar con unas pelotas gigantes y respondemos a preguntas del público. Al final, Caesar nos pregunta si queremos decir algo más, impulsivamente yo me siento recto y comienzo a hablar

-Echo de menos a mi madre Caesar, me encantaría poder volver a verla- miro al público -¿Como os sentiríais vosotros si no pudieseis volver a ver a vuestra madre y supierais que ella cree que estáis muertos? Es una sensación horrorosa- Veo a la gente llorando y hablando entre ellos, son realmente manejables -Ojalá pudiera volver a abrazarla...-

-Bien- dice Caesar -Gonzalo, Nacho, muchísimas gracias por habernos acompañado otra vez- Nos mira y mira al público -¡Un fuerte aplauso para dos de nuestros vencedores!-

Lentamente nos levantamos, sonreímos y saludamos hasta que volvemos a desaparecer por la plataforma -Gran trabajo Gonzalo- digo al encontrarme con él abajo -Igualmente- me sonríe. Antes de salir me despido de mi equipo de preparación y de Paul, luego me vuelvo a reunir con Gonzalo y Paula y salimos a la calle

-¿Nacho, a donde podríamos ir ahora?- me mira -Eres el único que conoce esto- Le miro extrañado y me aclara que el rumor de que me había escapado con María corrió como un relámpago -¿Qué os parecería volver a la arena?- pienso en los trenes que partían a las arenas para que los del Capitolio pudieran visitarlas -Necesito volver a estar allí-

Nos ponemos en marcha hacia la estación de tren, al llegar compramos tres billetes para la arena, nos montamos en el tren y a toda velocidad nos dirigimos hacia nuestra arena, la arena de los centésimos juegos del hambre. Al llegar, el olor hace que se me remuevan las tripas, la sala de lanzamiento huele idénticamente que cuando vinimos a los juegos. Me monto en el ascensor con miedo y al cerrarse sufro un ataque de pánico que hace que grite y llore, tengo la sensación de que al llegar arriba me encontraré con otros veinticinco tributos y tendré que volver a vivir todo pero al llegar arriba me calmo al ver la cornucopia vacía, únicamente con Gonzalo y Paula que tambien vienen con ojos llorosos y cara de asustados. Paseamos por la cornucopia, nos adentramos en el bosque, entramos en el laberinto... Como a pie no podemos alejarnos mucho más, decidimos volver y al llegar, miramos el reloj y vemos que falta poco para la fiesta así que vamos al teatro a reunirnos con Mateo, Pablo y Sophie. Al llegar, les contamos todo lo que hemos hecho hoy, todas nuestras vivencias y la entrevista pero ninguno de los tres contamos lo de la arena, es algo que no es necesario que sepan así que nos ponemos en marcha de nuevo al centro de renovación donde nos arreglarán para la fiesta de esta noche, tengo que conseguir patrocinadores para mis futuros tributos, además, no me vendrían mal algunos contactos en el capitolio.

-Blonda, Gilly, Flora- saludo a las tres mirandolas a cada una cuando llego al centro de renovación. Entre las tres me dejan radiante, muchísimo más que cuando fuí tributo del cuarto vasallaje de los veinticinco, incluso más que en la gira de la victoria. Me depilan completamente, me arreglan todas las uñas que estaban más que mordidas y me han arreglado los dientes, ahora están mucho más blancos. Además de todo esto me aplican suaves rayos uva para ponerme algo más moreno. Al terminar, Paul llegó con un traje precioso. -Vas a estar deslumbrante- sonríe -Lo juro- Esos pantalones color mostaza junto con la americana color marrón chocolate es precioso, además en la zona del cuello tiene pelo de un animal realmente suave. Una vez termino, me vuelve a mandar esta vez con Blonda para que me peine. Me venda los ojos y una hora después me quita la venda.

-Dios Blonda- toco el cristal suavemente en el que me estoy mirando -Es perfecto, perfectísimo- me ha teñido mi pelo marrón junto con mechas marrones oscuras y rubias. La combinación pensada queda fatal, pero en mi cabeza es maravilloso. Además no me ha peinado, únicamente me lo ha despeinado hacia arriba y da unos aires de mi antiguo distrito, aunque ahora yo pertenezca al 14 uno nunca olvida sus raices, el siete me ayudó muchísimo y todos los regalos a demás del capitolio venían del 7. -Estás precioso- Dicen el resto del equipo -Seguro que tu madre estaría orgullosa-

Cuando termino me dirijo a una sala en la que hay unos cómodos sofás de cuero azul y espero a los demás junto con Mateo, que también ha terminado ya. El lleva un esmoquin clásico de color metalizado. Poco después aparece Gonzalo con otro traje de diferentes tonos de azul junto con Pablo, que viste una americana negra y unos pantalones verdes. Una hora después viene Paula con un vestido rojo pasión que al acercarme descubro que son pétalos de rosa y un recogido en el pelo en el que lleva una corona de rosas.

-Estais todos magníficos- dice Sophie -Maravilloso- Con su voz aguda nos iba dando indicaciones, incluso dentro de la limusina continúa dando órdenes y consejos de como comportarnos. Al llegar a la mansión de Snow, bajamos de la limusina y acompañados por Sophie atravesamos el jardín plagado de gente. Como de costubmre, con una falsa sonrisa saludo a todo el mundo hasta que entramos en la mansión, es enorme, descomunal. El salón de entrada está a rebosar, hay camareros por todas partes y gente extravagante por todas partes, mientras un señor mayor me para para hablarme, los demás siguen sin mí y sin darme cuenta me quedo solo ahí dentro, con una extraña sensación de que algo va a salir mal.

martes, 3 de febrero de 2015

Capítulo 34

Hoola tributos!
Siento de verdad haberme retrasado, tenía que haberlo subido el domingo, pero como se me pasó pues ya me olvidé y de verdsd que lo siento^^ Como estoy de exámenes también me estreso cosa mala y no consigo centrarme osea que si estas semanas me retraso algo (Intentaré que no, lo prometo) no me lo tengais en cuenta:D Y ya no tengo nada más que deciros, suerte con vuestros exámenes!!
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Tras pasar la noche en vela, pensando en lo que iba a decir. El sol ascendió por la montaña, me levanto, me ducho y me visto con unos pantalones blancos y una camisa color verde como un pino. Desayunamos y esperamos a llegar, hoy todos estamos muy callados, hoy es el primer día que visitamos el distrito de un vencedor.
-Esto... Nacho- suelta Sophie y rompe el silencio -Te conozco, por favor ciñete al guión e intenta que parezca que no te quieres revelar-
-Lo intentaré- bufo yo
Ella me contesta con una amplia sonrisa y hace que me sienta peor conmigo mismo, por lo mal que me he portado. A media mañana, un aroma a pino inunda todo el tren. Cojo una fuerte bocanada de aire, inspirando todos los aromas de mi pasado y expulso el aire de mi presente. El silencio es sepulcral, nadie se atreve a hablarme porque saben que hoy estoy especialmente delicado y tampoco se atreven a hablar entre ellos -menuda tontería- pienso y pego una patada en el suelo. No me gusta la sensación de soledad que anida en mí, en estos momentos quiero sentirme querido por lo que el abrazo de Sophie por la espalda cuando me viene a avisar de que ya estamos me resulta muy reconfortante.

-Llegamos al 7...- dice Paula mientras se abalanzan sobre las ventanas a contemplar verde paisaje teñido de blanco en algunas zonas. El tren reduce considerablemente la velocidad y hace que nos caigamos al suelo cuando frena, las puertas se abren y salimos uno a uno a la estación de trenes.

-Bienvenidos al distrito 7- nos saluda el alcalde, un hombre de avanzada edad con el pelo canoso y algo de barriga. Él nos hace de guía esta vez, llevándonos a los bosques, al pueblo ebanista, a las fábricas de papel... Todo es maravilloso, aunque aún no he visto a Johanna y me empiezo a poner nervioso. Cuando dan las doce, volvemos al edificio de justicia donde tras un enorme portón de madera, esperamos a que el alcalde nos presente. Con los nervios a flor de piel, se abren las puertas y salimos al escenario, doy un paso al frente y siento que es la hora, la hora de desahogarse.
-Hola siete- suspiro y leo -Me conmueve estar aquí, en el distrito que me ha apollado en estos juegos y que seguramente después de esto apollará al Capitolio y a Snow- Me detengo pero al mirar atrás Sophie me dice que siga- Todos debemos admirarles, ellos nos ayudan y nos dan todo lo que necesitamos- Vuelvo a parar -Esto es el colmo- pienso y acto seguido rompo el papel en dos y lo tiro al suelo -Muchas gracias, por todo. Ninguno nos conocíais, no éramos el hijo de la vecina, ni el que iba a comprar el pan... Eramos gente de otro lugar, un lugar completamente opuesto a éste pero aún así vosotros decidisteis ayudarnos. Vosotros disteis vuestros ahorros y han dado su fruto, aquí me tenéis- sonrío -Aunque solo tenéis a uno... La echo de menos, no sabeis cuanto. Ella era parte de mi vida y perderla es como si ya no pudiera ser yo mismo. Sin ella, ya nada es igual. -Me seco una pequeña lágrima -No vengo a incitaros a crear otra rebelión, no quiero que penséis eso pero quiero que luchéis por defenderos. Me encantaría ver como ganáis los juegos más veces y ojalá sea así. -Sonrío sincero y entre la multitud encuentro a Johanna- ¡Johanna!- grito sin darme cuenta -Gracias, nunca voy a poder pagarte lo que te debo. Tú eres la que me has salvado, yo únicamente hice en todo momento lo que querías.- La miro y recuerdo todos los momentos vividos, sin poder evitar volver a sonreir- Ella es una auténtica heroína, ella salva vidas. Sacar alguien de allí es un trabajo casi imposible, ayudar a uno y esperar que no le maten los otros tributos es muy dificil- Me dispongo a bajar para abrazarla pero los guardias de la paz me sujetan y nos llevan dentro, antes de desaparecer grito -¡Gracias distrito 7!-
-Nacho...- dice Sophie -Esperemos que esto... no haga enfadar a Snow- y me sonríe
 A veces me pregunto si todas las palabras que se nos han quedado en la punta de la lengua hubiesen cambiado nuestra vida de haberlas dicho. Por eso no me podía dejar esto, puede que si en algún otro momento hubiera dicho algo igual no estaría aquí, necesitaba decirlo, no podía guardarlo más.
Esta vez ya no vamos solos, un grupo armado de agentes de la paz nos acompaña hasta la casa del alcalde. Con él cenamos un manjar típico del 7 y unos filetes de venado  en salsa. Al acabar, nos habla del siete y charla animadamente con Sophie debido a que ya se conocían, de cuando Sophie era escolta del distrito. Al acabar, volvemos con sueño al tren y cada uno se va a dormir aunque yo me voy con la espinita de no haber podido estar con ella en persona ni haber podido tener una conversación.

A la mañana siguiente ya estábamos allí, en el distrito de Pablo y Paula. Esta vez les tocaba a ellos, era su momento. Al llegar al centro de comunicaciones de Panem, unos guardias nos escoltaron hasta el edificio de justicia. Allí, con Pablo y Paula frente a sus micrófonos escuchabamos atentos todo lo que decían.
-Buenas tardes- dijeron los dos a la vez -Estamos aquí los dos, ya que tenemos la suerte de haber conseguido salir y estamos seguros de que os alegraréis de haber conseguido mantener vivos a dos tributos. Realmente ha sido duro, y espero que en un futuro próximo nuestros tributos puedan ser aliados.- Ahora habla Paula -Fué muy duro, estar solos. Allí el tiempo es como si fluyera más despacio, cada segundo y cada minuto que pasábamos era un logro. Aún recuerdo la agonía que sufrí cuando pasé sola mis primeros días.
(FLASHBACK PAULA)
-Gong!!- corro hasta el saco verde que tengo a diez metros, también cojo un botellín y acto seguido echo a correr. A lo lejos veo a Nacho hacerse con una mochila y después a la chica del uno lanzarle un hacha -¡Nacho!- grito pero no me escucha, se agacha y consigue esquivarla. Rápidamente me subo a un árbol y abro la bolsa, hay un pequeño cuchillo y un botiquín. Al caer la noche el frío se apoderó de mí y solo pude taparme bien con la chaqueta, a la hora de los cañonazos no pude evitar alegrarme al ver que Pablo, María y Nacho continúan vivos. Al llegar la mañana bajé del árbol y caminé hasta la montaña del Oeste de la Arena, esperando encontrar a Pablo pero para mi pesar no le encontré durante toda la mañana. Conseguí algunos frutos y un poco de agua de una laguna en la que había algunos peces con aspecto comestible, todo fué bien hasta cuando esa misma tarde, me topé con un tributo. Su cara, nunca olvidaré su maldita cara. Aquel chico se me acercó con su lanza dispuesto a matarme pero no consiguió su cometido. Lo siguiente pasó muy rápido, el lanzó la lanza con todas sus fuerzas y yo tropecé en aquel momento cayendo al suelo y evitando que me atravesara el estómago, entonces me levanté, corrí hacia él, le empujé al suelo y le acuchillé el pecho hasta que sonó el BOOM.
(FIN FLASHBACK)
-En los juegos solo tienes una oportunidad, si haces algo mal ya es irremediable aunque a veinticinco de los veintiseis tributos no les importará en un futuro- sonríe y hace una pausa -Tuve mucha suerte, de no haber tropezado... ya no estaría aquí- noto como le tiembla la voz -Solo quiero daros un consejo, nunca estéis solos.- Sonrió, saludó y se dió la vuelta.
-Magnífico- le dije, luego pasó a hablar Pablo y al final hicimos una visita turística por el seis. Cuando comenzó a caer la noche nos dirigimos a la casa del alcalde, un señor algo extravagante para ser de un distrito. Cenamos abundantemente y aunque nos ofrecen quedarnos a dormir Sophie niega rotundamente ya que tenemos una apretada agenda y volvemos al tren. Así pasaron los días siguientes, atravesando el resto de distritos. En el cuatro habló Gonzalo, con un discurso que me emocionó profúndamentey finalmente en el uno habló Mateo y también habló muy bien.
-Chicos!- gritó emocionada Sophie una mañana -¡Hoy llegamos al Capitolio!-

Genial, justo lo que necesito, tener que volver a verles. Tendré que fingir por una última vez, tengo que parecer contento de estar allí.