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lunes, 22 de junio de 2015

Capítulo 45

Hoola tributos!
Bueno, siento subir el capi un dia tarde, pero ahora que es verano (por fín) podré subir más a menudo. Además, dentro de nada el blog cumplirá un año, un año ya...
Enfin, aquí os dejo el capítulo.
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-Nacho- me saca Paula de mi ensimismamiento -¿Vamos?- y me tiende una mano cálida y suave que me ayuda a levantarme. A tiempo, volvemos al restaurante justo cuando se iban a ir por lo que nos montamos en la limusina y llegamos al centro de entrenamiento. En el salón nos despedimos hasta mañana, cuando serán los primeros entrenamientos y cuando ya se han ido todos subo corriéndo a la terraza.

-Peeta!- grito al salir del ascensor y corro hasta donde está él -Peeta...- le doy un fuerte abrazo reconfortante.

-Nacho- dice sonriente -Te he hechado de menos!-

-Y yo...- digo -Aún no he tenido tiempo de darte las gracias como te las mereces Peeta- toso por el frío y prosigo -Me has ayudado muchísimo y yo te maté a tu tributo- dejo caer una pequeña y silenciosa lágrima -Lo siento...- digo avergonzado -De veras- Es el primer momento que tengo para explicárselo todo, espero hacerlo bien.

-No pasa nada Nacho- dice él -Ya estoy acostumbrado a verlos morir, y te recomiendo que hagas lo mismo- dice con un tono triste -Ser mentor es casi tan malo como ser tributo...-

-Ya me lo imagino- suspiro y expulso vapor que se condensa por la boca -No creo que pueda soportarlo-

-No lo harás, uno no puede ver morir a alguien como si nada- pone una cara de pánico -Siento que te hayan metido aquí...-

-No te preocupes- le digo y permanecemos en silencio, este silencio, es diferente. El año pasado, cuando mi vida estaba en peligro, el silencio lo comprendí como un tiempo de reflexión. En cambio este año el silencio no me sirve de reflexión, me sirve como aire para respirar. Necesito tranquilidad, relax, no puedo estar todos los días a todas horas siendo una de las mascotas de Snow y de los niños bonitos del Capitolio. -Gracias- es lo único que alcanzo a decir -Nunca podré agradecerte todo lo que me has ayudado-

-¿La hechas de menos?- pregunta

-Muchísimo- suspiro -Pero no puedo dejar ahora a todos los tributos por ella, se que me esperará allá donde esté-

-Tu tributo... ¿Cómo se llama?- pregunta

-Liz- susurro -Se llama Liz-

-Sabes lo que significa ¿no?- dice misterioso -Cualquier persona que hubiese visto los juegos el año pasado sabe que son realmente parecidas. La vida te ha dado otra oportunidad, aprovechala bien-

-Lo sé- me digo a mi mismo -Pero igual le hago un favor si la dejo morir allí dentro, no quiero que ella sufra lo que es ser mentor...-

-Piensa en su familia- dice sonriendo -¿crees que les importará que su hija desaparezca uno o dos meses al año para entrenar a unos jóvenes a punto de morir?-

-No, ellos la quieren de vuelta- digo -Además, no sé cómo podría ver a su madre sin reprochármelo-

-Exactamente- asiente -Lo has comprendido, te recomiendo que vayas buscando patrocinadores ¿Has visto las estadísticas?-

-Un dos por ciento para el catorce- digo yo aunque él me corrige -Cinco por ciento, el desfile... fué genial- bosteza y se estira -Si no te importa me voy a ir ya a dormir, ha sido un día duro- sonríe y se marcha -Buenas noches-

-Buenas noches- digo yo aunque ya se haya ido. Me siento en el borde de la terraza y lo contemplo todo, fuegos artificiales, luces, música... ellos hacen una fiesta por que haya empezado el sacrificio de veintiocho tributos -Veintiocho!- grito cuando me doy cuenta -Este año hay veintiocho tributos, en los últimos años se han añadido dos distritos más, lo que aumenta las probabilidades de morir en la arena. Lo tenemos dificil, si ya era complicado de por sí acabar con veintitres, cuando llegó el trece ni te cuento y ahora que ha llegado el catorce...

-Esperaba encontrarte aquí- dice Paula -Es un buen sitio- mientras se sienta a mi lado y rodea sus rodillas con sus brazos -Lo tenemos difícil Nacho- dice con un tono algo desesperado

-Muy dificil- digo yo -Tenemos que hacer lo que sea ¿De acuerdo?-

-De acuerdo- dice Gonzalo que acaba de aparecer de entre las sombras -Siento haberos asustado, le oí subir a Paula y...-

-Tranquilo- le doy una suave palmada en el hombro -En cuatro días volveremos a recordar la tortura- suspiro -Venga, vamos a dormir-

Los tres bajamos en silencio en el ascensor a nuestra planta, al llegar, como está todo a oscuras consigo ir a mi habitación a tientas. Me pongo un pijama de franela azul y me meto en la cama, a mi lado está Nico que ha caido rendido en cuanto se ha tumbado en la cama. Con cuidado de no despertarle me apoyo en el respaldo de la cama desde donde contemplo todo, es lo que tienen las alturas, que te permiten ver todo. Poco a poco me voy quedando dormido hasta que vuelve a salir el sol y los primeros brillos dorados se cuelan por mi ventana. Con cuidado, salgo de la cama y me visto rápidamente para dejar a Nico dormir todo lo que quiera. Una vez estoy abajo, veo que no soy el primero.

-Hola Mateo- saludo con la cabeza -Sophie- y la saludo a ella tambien. Me siento frente a ellos y me sirvo una taza de chocolate, otra de café, tostadas con mermelada, bollería y un poco de huevos revueltos con bacon. Una vez termino en silencio, levanto la cabeza y veo que ha llegado Andrew, Liz y Gonzalo. Perfecto, en cuanto llegue Paula dejamos a Liz en la sala de entrenamiento y nos vamos en busca de patrocinadores. Cuando ya todos han desayunado, les deseo buena suerte a Pablo y a Mateo y nosotros nos vamos con Liz a la sala de entrenamiento. Ellos le llevarán un poco después así que bajamos solos, una vez llegamos a la planta -1 nos bajamos y ahí están, la hornada de tributos de este año. Si no recuerdo mal están los profesionales al completo, el chico del tres, los del cinco, los del siete, ambos del nueve, la chica del diez y los del doce. Los demás aún no han llegado por lo que me permito darle un consejo a Liz.

-Hazme caso Liz- digo serio -Por la mañana supervivencia, por la tarde armas- ella asiente y me pregunta -¿Por que empiezo?-

-Fuego, es algo básico y necesario. Cuando lo domines pasa a las trampas y nudos- sonrío -Y a la tarde no muestres tus dotes con el arco, vamos a mantenerlas en secreto- y le guiño un ojo -Prueba con los cuchillos-

Le doy un abrazo y le deseo suerte, lo mismo hacen Gonzalo y Paula. Cuando llegan los demás, nos vamos al ascensor y paramos en la planta baja.

-Nos vemos al mediodía- dice Paula -Suerte-

Cada uno va a una zona, yo decido pasarme primero por los estudios de televisión y acierto, dos ancianos deciden patrocinar a Liz. A demás de eso, no consigo ninguno, he recorrido media ciudad y solo tengo dos por lo que decido parar en un conocido bar para descansar y tomar algo.

-Nacho!- la mujer del pelo en llamas viene y me abraza -¿Que tal todo? Venga, tomate algo, yo invito- me invita a una copa y después se ofrece como patrocinadora. Esta mujer promete, es de las más ricas del Capitolio y puede conseguir casi cualquier cosa. Cuando terminamos me despido con dos besos y vuelvo al centro de entrenamiento para comer, para mi sorpresa es Sophie la única que está así que me siento frente a ella y comemos una deliciosa pasta a la carbonara y un solomillo en salsa que me ha encantado. Por último, un avox que no me suena de nada nos trae un cuenco con algo raro, es arroz con leche según Sophie y está buenísimo. Antes de que el avox se fuese, le pregunto

-¿Que pasó con Avery?- recordándo al avox del año pasado que me ayudó a escapar.

Lo único que hace es levantar el pulgar de la mano y pasarselo por el cuello. Avery está muerto, otro más a la larga lista de personas muertas por mi culpa. Al terminar, ambos nos quedamos hablando sentados en la mesa. Hace tiempo que no hablaba con sophie y en cierto modo, la he hechado de menos. A media tarde decido llamar a Johanna para tomar un café y la cito en una cafetería del centro en una hora. Rápidamente me visto no muy elegante y salgo de aquí, con una bufanda me cubro el cuello ya que hace algo de frío a pesar de que es mayo y con paso lento mientras observo moverse las anaranjadas hojas camino hacia la cafetería.

-Dos cafés por favor- pido al entrar y me siento en una mesa apartada del resto. Unos minutos después traen los cafés y acto seguido aparece Johanna, me pongo de pie y la abrazo fuertemente -Te he hechado de menos Jo- sonrío.

Ambos nos sentamos en la mesa y comenzamos a charlar. Le cuento la visita de mi madre, lo del incendio en el que casi muero asfixiado, lo bien que salió el spot para Snow, que encontré a Zeus y que ahora cuido de Nico, el hermano pequeño de María. Ella me cuenta los levantamientos del siete, un distrito que se niega a aceptar la derrota y sigue en una batalla contra el Capitolio.

-Si el siete sigue así... no quedará nada por lo que luchar- dice desanimada -El siete está empezando a aburrir al Capitolio y como se cansen de sus continuos ataques no dudarán en barrerlo del mapa, como le pasó al doce y al trece. También me comenta algo de la nueva vigilante, me dice que esta ha venido a divertirse y no dudará en hacer los juegos de lo más entretenidos.

-¿Cual crees que será la arena?- Pregunto

-Si quiere divertirse puedes descartar que sea un desierto o un páramo helado- dice -Quiere sangre y esas arenas matan tributos por sus condiciones climatológicas no por armas- suspira -Lo siento Nacho...- dice mientras me mira con cara de pena -Lo tenemos dificil...-

-Lo sé- lentamente bebo el café hasta acabar con él -Siento haber detondo aquella montaña, ahora he causado algo que se he ha ido de las manos-

-No!- dice Johanna -Tu les has dado oportunidades a todos ellos, igual que Katniss Everdeen, lo que ocurre es que ahora tienen miedo y hasta que no tengan un punto de esperanza mayor en el que confíar el miedo perdurará en los distritos-

-Y después de lo que pasó... ¿Quien seguirá dispuesto a ser ese punto de esperanza?- pregunto

Ella suspira y dice -Nadie...- me mira -Estamos destinados a morir- sacude suavemente la cabeza -Nacemos para morir, a esto no se le puede llamar vida...-

Tras unas horas que se me hacen cortísimas, al empezar a caer el sol. Los rayos atraviesan las calles del Capitolio dándole un aura veraniega, se cuelan en la cafetería y casi artificialmente la iluminan de un color anaranjado precioso. Salimos de la cafetería y volvemos al centro de entrenamiento cuando aún no han terminado por lo que esperamos sentados en la puerta, manteniendo el silencio que perdura desde que salimos de la cafetería. Una vez terminan y salen todos, Johanna se va con sus tributos y yo espero a Andrew y Liz.

-Hola chicos- digo sonriente -Andrew, creo que te esperan arriba, si quieres te acompañamos- Miro a Liz -Tengo que hablar contigo-

-Ya voy yo solo- dice él -Hasta la cena- y se va junto con los profesionales, que parecen haberse fijado en él. Rápidamente me monto en el ascensor con Liz y voy al bar al que acostumbraba a ir con Peeta, pedimos una mesa alejada y le dejo sentada
-¿Te gusta el café?- le pregunto y me mira rara

-No lo he probado nunca...- dice indecisa -Pídeme uno-

Me acerco a la barra y pido dos cafés, antes de irme cojo un pequeño cuenco de cerámica en el que guardan los azucarillos. Lo llevo todo a la mesa y le acerco su taza -Ponte dos- digo mirándo los azucarillos -A mi me gusta mucho...-

-Lo sé, ví tus juegos...- Dice sonriente -Eso que hiciste... fué muy valiente por tu parte-

-Te refieres a lo de la avalancha?- pregunto -En ese momento no podía pensar en nada más... Los juegos... digamos que se llevan todas las cosas buenas que guardas en tu mente y sacan a la luz las peores de cada uno- digo sonriendo avergonzado

Ella le pega un trago al café y pone una cara de placer al beberlo, está muy calentito y es reconfortante. -No quiero que me cambien, ni que muestren a alguien que no soy yo. Si voy a morir quiero que mi madre me vea como soy-

-Ni tu ni nadie...- digo -A mi también me cambiaron, demasiado de lo que deberían- suspiro -En fin, vamos a lo que vamos... ¿Que tal el primer día?- pregunto con una sonrisa para darle ánimos

-Bueno...- dice ella girándo la cabeza -Hice lo que me dijiste, he aprendido a hacer fuego, una trampa para cazar y a la tarde he estado practicando con los cuchillos- sonríe

-¿Y?- digo -Cuentame algo más... ¿Que tal los cuchillos?- pregunto

-No muy bien- se ríe y me alivia ver que no está muy nerviosa -A demás tengo algo que decirte...-

-¿Que pasa?- pregunto asustado

-Tengo una alianza- dice secamente, esperándo a que la regañe -No es muy buena pero...-

-Eso es genial!- digo riéndome -Genial Liz...- le cojo de la mano -¿Y quienes son?-

-Los dos del siete y yo-

domingo, 14 de junio de 2015

Capítulo 44

Siento haber tardado tanto pero aquí lo teneis, el capítulo 44!
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-Trrrriiiiiiiiiii- un molesto sonido me despierta, es el despertador, hoy llegamos al capitolio. Rápidamente me ducho y me lavo bien el pelo, cuando ya estoy arreglado me pongo un pantalón blanco y una chaqueta con capucha verde oscuro. Me pongo las gafas de pasta que acostumbro a llevar y antes de salir compruebo todo, el brazalete, el colgante... Esta vez me remango para que los del Capitolio vean el brazalete de los juegos, les volverá locos!

-Hoy llegamos al Capitolio!- voy gritando por los pasillos mientras me dirijo al comedor. Esta vez si que desayuno fuerte, dos tazas de café, tostadas con mermelada de castañas, algo de bollería y un zumo de naranja. Tengo que darlo todo hoy, tengo que conseguir el mayor número de patrocinadores, sinceramente espero conservar alguno del año pasado. Si era el tributo con más patrocinadores de la historia tiene que quedar alguno por ahí.

-¿Preparados?- pregunta Sophie emocionada al salir del túnel de acceso al Capitolio. Ya puedo olerlo, la fama nos espera y aunque no me guste tengo que hacerlo por Liz. -Preparados- decimos los siete, mientras nos levantamos. Antes de salir le doy la mano a Mateo y Pablo y les deseo buena suerte, al igual que a Andrew. Me acerco a Liz y le doy un fuerte abrazo en el que aprovecho para susurrarle al oído un -Todo va a salir bien-

-Y con este tren terminamos la hornada de tributos de este año- dice una voz metálica por un megáfono -Nacho! Gonzalo! Mateo!- la multitud aclama a los ex-tributos, cada uno tenemos nuestros fans por lo que sin dejar sola a Liz me dirijo a la zona de la multitud donde la gente tiene carteles con mi nombre y me aclama. Como siempre, sonrío, firmo autógrafos y me saco fotos hasta que me canso así que seguimos hasta el centro de renovación, aquí dejo a Liz con su equipo y yo me voy con mi equipo de preparación. Pensaba que al no pertenecer ya al distrito 7 me cambiarían de equipo, pero ahí estan, Blonda, Flora y Gilly saludándome como si fuésemos amigos desde la infancia.

-Estas estupendo!- gritan las tres al verme -Verás lo que te tenemos preparado!-

Como acostumbran a hacer, me meten en la bañera con los potingues de colores y me restriegan bien para limpiarme. Al terminar me depilan y afeitan y me arreglan el pelo mientras hacen lo propio con las uñas, una vez terminan con mi cuerpo, viene Paul con unos pantalones azules y una americana verde. Al terminar, voy corriendo a reunirme con los demás mentores a esperar a nuestros tributos. Sophie se separa de nosotros para ir con algunos del Capitolio y yo me quedo con Gonzalo y Paula.

-Nacho!- grita Johanna desde el otro lado del edicicio de donde salen las carrozas -Johanna!- grito yo y corro como un loco a abrazarla a través de todo el edificio mientras cientos de ojos se fijan en mí. Nos quedamos un rato abrazados y le doy las gracias cientos de veces por todo. Ahora me doy cuenta de todo lo que ha cambiado, desde que se dió cuenta de que tenía que ayudar a sus tributos, su forma de pensar ha cambiado. Ya no es la dura, ahora es realmente amable con todos.

-Gonzalo!- gritan Annie y Finnick Jr. -¡Que alegría verte!- y se abrazan como yo. Jaqueline, la del seis, hace lo mismo con Pablo y Paula mientras que Detrius le saluda a Mateo con un seco apretón de manos. Me voy con Johanna a donde esta el resto de mentores y ahí me presento ante algunos. Cuando anuncian que el desfile va a comenzar, me despido y junto con Gonzalo y Paula vamos a buscar a Liz.

-Estas maravillosa- digo yo boqueabiero -Perfecta!- dice Paula entusiasmada -Les vas a enamorar!- Lleva un traje que recuerda al distrito catorce, un traje de azúcar. Es un corsé rosa y a su alrededor hay girando electrostáticamente unos caramelos que dejan estelas de color a su paso. Le subimos con cuidado a la carroza y esperamos a que llegue Andrew.

-Tenemos competencia- susurro a Gonzalo mientras vemos a Andrew llegar. Lleva unos pantalones anchos blancos y una americana blanca desabrochada con la que se le ve la parte de arriba del cuerpo. Además, le han realzado los músculos y está causando furor por donde pasa. -Anda cierra la boca- digo pegándole un pequeño codazo a Paula, que solo le falta empezar a babear. Los tres reimos y hacemos sitio para que Andrew se suba a la carroza, cuando ya están montados corremos a la grada desde donde se ve el desfile. Tenemos un sitio de mentores reservado, por lo que nos sentamos junto al único mentor del trece, un jóven con aspecto desgastado.

-El himno!- me avisa Gonzalo -¡Va a empezar!- Rápidamente me centro en la calle por donde van a pasar y veo a todos los distritos. Solo destacan los del cinco, que llevan unos trájes radioactivos que los iluminan de un color verde intenso, los del doce, que van completamente desnudos y cubiertos de hollín negro y los nuestros. La gente vitorea y aclama al nuevo distrito, Andrew es realmente guapo y sabe como jugar con los del Capitolio. Liz tampoco va muy desencaminada y trata de ser lo más adorable posible, sonríe despreocupadamente y saluda a todo el mundo.

-Liz...- me digo a mi mismo -Encandilales-

Cuando todo se termina vamos a recogerles al edificio donde se guardan los caballos. Les felicitamos por el maravilloso trabajo y junto con Sophie, subimos a la nueva planta catorce, la planta más moderna. Ver las caras de nuestros tributos me llena por dentro, ellos nunca han tenido tan de cerca estos lujos y ahora los pueden disfrutar por unos días.

-Solo unos días- me digo a mi mismo -Solo tengo unos días para buscar el mayor número de patrocinadores-

Una estresada Sophie rompe el silencio, todos nos hemos quedado sin habla no solo por la inmensidad de la habitación, sino porque de una manera u otra esto nos afecta a todos. Todos hemos tenido que pasar aquí un tiempo y todos a excepción de Pablo y Paula hemos perdido a nuestros compañeros, y que decir de los tributos, deben estar sin poder conciliar el sueño. -Venga chicos, id a vuestras habitaciones y arreglaros- me guiña un ojo, se lo que esto significa, vamos a cenar fuera.

-Nacho, Gonzalo- nos detiene Paula -Tenemos que conseguir patrocinadores, arreglaros lo más rápido que podáis y bajad al salón- dice con un tono nervioso

-Calmate, ¿Vale?- digo sacudiéndola por los hombros -Date un baño, ponte guapa y baja cuando estés tranquila- le doy un fuerte abrazo y aprovecho para susurrarle al oído -Esto es duro para todos, intenta parecer segura y mantener la calma con una sonrisa en la cara- me aparto y me sonríe, cosa que hago yo también. Los tres subimos a nuestras respectivas habitaciones y al llegar me quedo completamente boqueabierto, frente a la cama hay un enorme ventanal que ocupa toda la pared desde donde puedo ver el Capitolio entero. Aún es la tarde, y las calles están poco menos que desiertas pero de aquí a dos horas el resplandor del anaranjado sol habrá sido sustituido por la claridad de la luna y la ciudad despertará. Sin dejar de mirar el paisaje, absorto en mis pensamientos, me desnudo y camino de puntillas hasta el baño. Dejo las gafas en la mesita del baño y cuidadosamente meto mi cuerpo en el agua hirviendo, primero los dedos, luego las piernas... es muy reconfortante.

Ahora dejo volar mi imaginación, es el mejor momento para ello. Imagino que estoy en casa, con mamá y con María. Imagino que esto no ha sucedido, que solo ha sido una terrible pesadilla. Imagino una vida con María, con nuestros tres hijos corriéndo por los bosques mientras nosotros les seguimos por detrás. Imagino una tarde de pastelería con mamá y una mañana en el bosque con papá... Imagino que todo esto fuera mentira, un sueño.

-María- digo aspirando fuerte y secándome una lágrima -Te hecho muchísimo de menos ¿sabes?- sonrío, aunque por dentro mi alma llora sin consuelo -Me gustaría despedirme de tí como te lo mereces, solo una vez más...- meto la cabeza debajo del agua y contengo la respiración todo lo que puedo. Al salir del agua, me levanto y le digo -Voy a hacerlo por tí, pero aún me queda mucho para que nos reencontremos. Aqui me necesitan- digo mientras mi mente recuerda imágenes de ella, de Paula, de Gonzalo, de Mateo, de Pablo... -Prometeme que me esperarás, ¿lo harás?- y de repente una nube se apartó dejando que un rayo de sol me alumbrara la cara -Lo tomaré como una señal, te quiero muchísimo-

Salgo algo tembloroso y me seco al instante con la alfombrilla, me pongo un suave albornoz azul cielo con un catorce a la espalda y me tiro encima de las sábanas blancas. Con la mano temblorosa saco las dos cartas, la de María y la de Mamá, cojo la foto en la que salimos María, Johanna, Sophie y yo y unicamente las observo. Cuidadosamente lo recojo todo y lo guardo en un lugar seguro aunque justo cuando las voy a guardar llaman al teléfono y se me caen las cosas del susto.

-¿Digame?- pregunto inseguro -Soy Nacho-
-Le llamo de la secretaría general del Capitolio- dice una aguda voz al otro lado de la línea -Podría pasarse dentro de media hora por aquí?-
-Supongo- digo algo asustado -¿Me da su dirección?-
-Paseo de los caídos número 67- dice -Le esperamos aquí en media hora-

Me visto todo lo rápido que puedo, me pongo las gafas y bajo a todo correr. Antes de salir le aviso a Sophie de que volveré en una hora y hago lo propio con Paula, que nos estaba esperando en el salón. Bajo en el ascensor, que para en la planta siete y un chico de aspecto blando se monta conmigo. Realmente no me esperaba esto, soy como un idolo a seguir para él y lo único que he hecho es matar gente. -Adios- le digo cuando llegamos a la planta de la recepción. Salgo del centro de entrenamiento por la puerta principal y rápidamente paro un taxi para que me lleve allí y en veinte minutos estoy en el número 67 del paseo de los caídos. Camino con paso decidido, y en el mostrador les explico todo.

-Primera planta, cuarta puerta a la derecha- dice una mujer anciana con una nariz aguileña. Subo las escaleras pensando en que puede ser esto y llamo antes de entrar a una habitación con una mujer jóven, que parece que ha pasado por cientos de operaciones quirúrgicas.

-Ignacio Jausoro- digo mientras me siento frente a ella -Encantado-

-Ya se quien eres- dice ella amargada -Vayamos al grano. La familia de María, tu ex-compañera, ha perdido dos miembros. Sus padres han fallecido a causa de un enfrentamiento del pueblo con los agentes de la paz que les custodiaban- dice con un tono neutro -Su único hermano, Nicolás, está ahora mismo sin familia y hemos pensado en usted...-

-¡¿Quereis que yo cuide a Nico?!- digo alucinado -Estaré encantado-

-Traed al chico- dice la mujer mientras aprieta el botón del interfono -Muchas gracias- me sonríe y esperamos callados a que una chica de unos veinte años traiga a Nico. No ha cambiado nada, ese pelo castaño alborotado y esos ojos verdes como los de su hermana. En cuanto me ve se lanza a mis brazos y yo le acaricio el pelo, en muy pocos años, cinco para ser más exactos ha perdido demasiado. Padres, hermana, vecinos...

-Estás a salvo, ya estás aquí- le digo para tranquilizarle -Venga, vamos- me levanto y le doy la mano -He quedado para cenar-

Salimos agarrados de la mano del edificio y pido otro taxi que me lleve de vuelta al centro de entrenamiento. Nos montamos en el ascensor y subimos rápidamente a la decimocuarta planta, al llegar, todos se sorprenden de lo que traigo.

-Chicos, este es Nico- digo apartándome de delante suya ya que se había escondido tras mis piernas -El hermano de María- digo y les explico toda la historia -Rápido, tenemos que ir a cambiarte!- dice divertida Sophie y ambos se van riéndose a su habitación.

-Han hecho buenas migas eh- dice riéndose Paula

-Se llevarán bien- dice Gonzalo entre risas -Bueno, los patrocinadores- y saca una libreta -¿Teneis alguno?-

Rápidamente se me pasan por la cabeza cientos de nombres, seguro que tiene que haber alguno dispuesto a ayudarme. Llamo a Johanna por teléfono y le pido la libreta donde apuntaba sus números, en cinco minutos, ella me la sube y quedamos mañana para tomar un café.

Cuando he llamado ya a más de la mitad, me doy cuenta de lo verdaderamente dificil que va a ser esto. Casi todos creen que como es el primer año no harán nada y únicamente consigo tres, tres de veinticinco. Con la otra mitad tampoco tengo tanta suerte y al final acabo la lista de patrocinadores del 14 con cinco patrocinadores.

-No es un año bueno- repite Gonzalo -Nada bueno-
Suspira y mira al techo embobado -Voy a llamar yo a los míos, Paula, haz tu lo mismo- dice mientras coge el teléfono.

-¿Cuantos?- pregunto cuando terminan de llamar a todos -Tres- contesta Gonzalo -Uno- dice Paula
-Genial, tenemos nueve- digo apuntándolos todos en la nueva agenda. Intento no desanimarme, pero esto está dificil. Espero que con las puntuaciones mejore la cosa.

-Mira que cosa mas guapa!- grita Sophie mientras baja por las escaleras con Nico en brazos -Ya estamos todos listos!- dice cuando bajan Andrew, Liz, Mateo y Pablo tras ella -Vamos, hay que coger una limusina- Me doy cuenta de que Nico se queda mirándo a Liz y se asusta un poco -Se parecen, ¿verdad?- digo sonriendo -Yo tambien lo creo- le doy la mano y seguimos a Sophie hasta la limusina, que en media hora nos deja en la puerta del Capitol Knights.

-Bienvenidos- dice un extraño camarero -Pasen por aquí- y los nueve le acompañamos hasta una mesa circular enorme. Nos sacan de todo, maravillosos manjares cocinados al más alto nivel y con las técnicas más vanguardistas del momento. Cuando estoy realmente lleno, me aparto de la mesa y adopto una posición más relajada. Cuando terminamos dejamos a Sophie, Mateo, Pablo y Gonzalo con Nico y yo me voy con Paula a enseñarles la playa a Andrew y Liz, que está a solo veinte metros.

-Vamos, descalzaos- digo sonriente al llegar a la arena -Venid-

Descalzos pisamos la fría y fina arena que se escurre por nuestros pies. Corriendo, vamos a la orilla del mar a meter los pies en el agua aunque yo me quedo sentado en la orilla observándoles disfrutar. Este lugar me trae muy buenos recuerdos que nunca volveré a vivir y eso me hace estar de bajón, además, me siento diminuto e indefenso bajo el inmenso manto nocturno con todas sus estrellas y galaxias. Con cuidado me tumbo sobre la arena y observo todo, es demasiado perfecto para ser algo natural. Aunque, al fin y al cabo, las cosas más bellas y perfectas te las encuentras en la naturaleza. Mientras contemplo las estrellas, con las risas de fondo y esta brisa tan suave, consigo evadirme de la realidad en la que vivo para volar a través de las estrellas. ¿Como puede algo tan antiguo seguir impresionando a la gente?

(TRAJE DE LIZ)

(TRAJE DE ANDREW)



domingo, 7 de junio de 2015

Capítulo 43

Hoola tributos!
Bueno, aquí estoy! Me esperabais? Seguro que no, esto de haber estado tan ausente habrá hecho que muchos os olvideis de mí. Pero oye, lo importante es que he vuelto y ya he acabado todos los exámenes (Por fin)
Y bueno, que aquí os dejo el capítulo:D
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-Buenos días- dice Sophie con un alegre tono de voz -Arriba! Te espero en media hora para desayunar- y cuando está a punto de salir de la habitación dice -Ah, y no te preocupes por lo de ayer, ya está todo arreglado- y cierra la puerta con suavidad. Sin darme cuenta se me cierran otra vez los ojos y me despierto un rato después, miro el reloj y exclamo -Solo me quedan diez minutos!- mientras salto a toda prisa de la cama y me pongo un pantalón corto por encima de la rodilla y una sudadera verde oscuro, como el año pasado. Me pongo el brazalete y el colgante, me despeino un poco y corro a desayunar.

-Justo a tiempo!- exclama Sophie mirándo el reloj dorado que luce en la muñeca -Ya podeis empezar- dice y hace ademán con los brazos como para invitarnos a comer de los suculentos manjares que cubren la mesa. Todos se lanzan a por las cosas más deliciosas pero yo no estoy de humor, ni mucho menos con apetito para comer, así que me limito a apollar mi cabeza sobre mi brazo y a untar una galleta en el café hasta que se rompe. Cuando terminan de comer me bebo el café de un trago y nos despedimos de ellos puesto que vamos a trabajar con Liz en una habitación separada para enseñarle algunas cosas antes de llegar al Capitolio.

-Bien- dice Gonzalo -Te he conseguido un arco y una diana, comenzaremos practicando un rato y luego probaremos algunas cosas- Gonzalo es el experto en Arcos, así que Paula y yo nos limitamos a sentarnos apollados en la pared y verle disparar una y otra vez. No siempre acierta, pero es realmente buena. Cuando termina con el arco decidimos enseñarle a usar el hacha y los cuchillos por si acaso, igual no encuentra un arco en la cornucopia por lo que tendrá el triple de oportunidades. Los cuchillos no se le dan mal, aunque tampoco es su punto fuerte y el hacha mejor lo descartamos. De ninguna manera va a conseguir hacer algo con un hacha, y por mucho que lo intento no lo consigo. -Definitivamente, no uses el hacha- digo sonríendo, la primera vez que sonrío desde ayer. -Dedicate al arco, tienes futuro- Y nos reimos a carcajadas.

Una vez terminamos con las armas decidimos ver las cosechas, que ayer se nos olvidaron. La verdad es que no hay nada especial, un voluntario en el uno y uno del cinco con aspecto mortífero. Luego llega ella y causa un gran revuelo, una voluntaria en un distrito que es su primer año.

-Tenemos posibilidades- dice Gonzalo con un tono optimista -No hay muchos voluntarios- dice.

La verdad es que con esta actitud no voy a ningún lado así que decido cambiar radicalmente y me pongo las pilas. Pido un café y me lo tomo de un trago, en un momento recupero fuerzas y me esfuerzo todo lo que puedo en estar al cien por cien. Le hablamos de alianzas y de estrategias, al parecer tiene la mente abierta a posibles alianzas lo cual le facilitará bastante las cosas.

-Bien, yo creo que esta mañana ha sido muy productiva- sonrío -Mañana llegamos al Capitolio, entonces te tenemos que preparar para eso- dice Paula pero le corta Gonzalo para ir a comer. Decidimos tomar algo rápido para ir a ver unos juegos por sí Liz encuentra alguna estrategia así que nos comemos unos sándwiches de pavo y queso y pedimos unas palomitas para ir a ver los juegos. Nos acomodamos en los amplios sofás de tela y elegimos unos juegos, los cuatrigésimo quintos. En ellos una chica del cuatro consigue salir vencedora después de haber asesinado con sus cuchillos a trece de los veinticuatro tributos.

-Espero que no haya nadie así- dice Liz temerosa -Espero superar al menos el baño de sangre...- y traga saliva. La verdad, es que me extraña mucho su actitud. Lo de que es una luchadora y todo eso ya lo sabía, pero no demuestra miedo, no parece temerle a la muerte. -No consigo entenderlo- digo yo -¿Como es que no tienes miedo Liz?- pregunto mientras me rasco la cabeza.

-Si que lo tengo- dice -Muchísimo- y rompe a llorar en mi hombro -No voy a ser capaz- dice entre llantos -No volveré a ver a mi madre, y cuanto antes me lo meta en la cabeza mejor- y sale corriendo para su cuarto.

-Dejadme a mí- digo yo -Voy a hablar con ella- mientras me pongo de pie

-La conoces no?- pregunta Gonzalo -Más o menos- contesto yo -Ahora vuelvo- digo mientras me dirijo al pasillo. Cuando estoy frente a su puerta, llamo suavemente y entro.

-Liz...- suspiro -Lo siento mucho- digo sincero -Vas a volver, se lo prometí a tu madre y te lo prometo a tí- digo mientras le miro a los ojos, iguales que los de Paula. Esque es igual, cuando la miro... la veo.

-¿Como voy a salir?- pregunta desesperada -Yo no mato, hay asesinos ahí-

-No todos los juegos se ganan matando- digo serio -Mira Peeta Mellark, ha ganado dos veces y creo recordar que solo ha matado a dos tributos- le limpio una lágrima -Aunque también ayuda- le sonrío y consigo hacer que se ría -Además, ya te salvé la vida una vez ¿no?- me rio -Puedo hacerlo una vez más, pero tienes que seguir nuestros consejos-

-Muchas gracias- suspira sincera -Voy en cinco minutos, esperarme en el salón-

-Viene en cinco minutos- digo cuando llego al salón -¿Que teneis pensado hacer ahora?- pregunto curioso -Ética personal y bueno... halagamientos, por así decirlo- y nos reimos -Somos expertos en eso no?- y rio, mientras imito a la voz que pongo al estar con la gente del capitolio -Oh! Que sombrero mas fabuloso!-

-Ya estoy- dice ella secándose un ojo -Vamos a ello- y se sienta en uno de los sofás, rápidamente Paula le pide un chocolate para que esté mejor y le damos algunos consejos para mañana.

-Cuando salgas del tren- digo paciente -Solo sonríe y saluda con la mano, como si esto no fuese contigo- hago el gesto de sonreir y saludar -También sacate fotos con ellos, y hablales- dice Paula -Tienes que parecerles adorable-

-Les vas a encantar, ya verás- decimos los tres al mirarla -Necesitamos que pongas de tu parte, necesitamos muchísimos patrocinadores para tí- digo yo -Cualquier cosa puede servirte de mucho, desde una pequeña manta hasta una simple cerilla- digo recordándo consejos de Johanna -Tenemos que hacer un trabajo muy duro si queremos sacarte-

-Por ahora este año está siendo malo para nosotros- dice Gonzalo revisando su agenda electrónica -Las probabilidades no están a favor del distrito catorce- traga saliva -Pero aún no os han visto- grita Paula optimista -No hagas caso a eso aún, el año pasado me dijeron que tenía el 2% de probabilidades, es decir, que moriría en el baño de sangre- dice recordando en un tono que va en decadencia -¡Pero mirame! ¿Aquí sigo no?- y le da una palmada en el hombro -Todos tenemos posibilidades, olvidate de lo que digan...-

-Vale- dice Liz con un tono inseguro -¿Algo más?- pregunta antes de levantarse. Los tres negamos con la cabeza y le dejamos marcharse a su cuarto, tras esto nos quedamos hablando de posibles patrocinadores y de futuras estrategias hasta que llegan Mateo y Pablo.

-¿Que tal con Andrew?-

-Tiene futuro- dice con un suspiro Mateo -Es prometedor...- y le mira a Pablo, el cual asiente

-¿Hay algún problema?- pregunto yo al ver esas caras

-Dos palabras- dice Pablo y deja a Mateo terminar -Trágicos amantes-

-No- grito yo -No dejare a Liz jugar a ese juego, nunca sale bien- y miro a Gonzalo y Paula que me dan la razon -No queremos enfadar más a Snow, hacerle olvidar la idea- dice Gonzalo apollándome

-Sabría que diríais eso...- masculla -Bueno, por lo demás, ¿Que tal va todo?- pregunta Pablo curioso

-Se hace raro- contesta Paula -Entrenar a alguien para no morir siendo ella mayor que tú- y asiento, a mi tambien se me hace raro hacer de mentor teniendo a un tributo casi de mi edad. A parte de las torturas que se viven en la arena, las torturas de ver morir cada año dos personas a las que tienes que aconsejar son también horrorosas.

-¿Cenamos?- pregunta Sophie, que ha estado todo el día desaparecida -La mesa está lista, voy a llamar a los tributos- y nosotros vamos al comedor. Cuando llegan los tributos acompañados por Sophie cenamos suculentos manjares que solo con verlos ya te llenan. Decido tomar un plato de pasta de un extraño color verde y unas chuletas de cordero acompañadas con puré de patatas, yo como con moderación, pero Andrew y Liz han decidido comer todo lo que puedan para ganar algo de peso. Me fijo en lo que come Liz, un plato de pasta, otro de ensalada, una sopa y unos lomos de salmón a la naranja, de postre toma natillas de chocolate y algo de tarta. Estoy completamente impresionado de su capacidad pero decido darle un consejo, me acerco a su oído y le susurro

-Procura no comer mucho- digo -Por muy bueno que esté todo, esto te está agrandando el estómago, si vas a la arena con un estómago más grande del que estás acostumbrada, morirás de hambre- ella asiente -Mañana procura comer menos- me aparto de su oreja y le sonrío.

-Que le has dicho- consigo leer en los labios de Gonzalo que está frente a mí -Que no coma tanto- le contesto sin emitir sonido alguno, unicamente moviendo mis labios.

Cuando acabamos de cenar me pido un capuccino que me tomo con tranquilidad frente a la televisión. En ella hay un programa en el que Caesar habla de las historias de los tributos y esta noche le toca al chico del uno, el voluntario. Al final acabamos los ocho pegados al televisor intentando sacar el máximo posible de información sobre el chico, una vez acaba, cada uno se va a su habitación pero antes le doy un fuerte abrazo a Liz. Se lo duras que son las noches, un abrazo no hará mucho, pero la reconfortará.

Grito, corro, lloro... a pesar de todo, no consigo despertar de las pesadillas. Esta noche, con todos los recuerdos del tren, he vuelto a la angustia de la arena. Esa sensación en el cuerpo de estar a un paso de morir, y si das el paso equivocado, los juegos te lo devuelven quitandotelo todo. Me siento apollado en la pared y jadeo, con la cabeza apollada sobre las manos cubriéndo mi cara.

-No quiero- digo sin haber recuperado la cordura -No quiero ir a los juegos-

Mientras mi mente está haciendo estragos en mi cuerpo, aparece Liz asomándose por el marco metálico de la puerta. Sin que yo me de cuenta se coloca a mi lado y me da un suave beso en la cabeza, haciendo que olvide todo.

-Si sales de ahí- digo aún temeroso, con un temblor incontrolado en las manos -Procura buscar la forma de evitar las pesadillas- niego con la cabeza al recordar la sangre que manchaba mis manos -O igual es mejor que no vuelvas- suspiro profundamente -Así no te tendrás que arrepentir de lo que has hecho-

-Procuraré salir lo más parecida a la Liz del distrito catorce- dice -Tengo demasiado miedo, no ser capaz de hacer nada...- deja caer una pequeña lágrima sobre mi almohada -Y mi familia, no pueden perder otro miembro...-

-No lo harán- digo serio -Lo prometo- la miro a los prófundos ojos verdes que te atrapan y siento la tentación de besarla, lentamente me acerco y la beso. No siento lo que sentí al besar a Paula, aquella sensación de dejar de lado a María ya no está. Lo que siento con ella es como besar a María, ella me llena por dentro y no puedo perderla. Sería como perder a alguien dos veces solo que ahora mi cuerpo no lo soportaría, y ya no hablemos de mi mente.

-Lo siento- dice apartándose -No deberíamos hacer esto más difícil, yo voy a morir, y si lo hago sufrirás- dice alejándose -Nos vemos mañana- y me sonríe antes de irse.

-Nos vemos mañana- susurro aunque ya se haya ido.

Me acabo de dar cuenta, la vida me ha regalado otra oportunidad. No salvé a María la primera vez y ahora me ha puesto otra prueba realmente dificil, esta vez tengo que hacer lo que sea. Y si no consigo sacarla, haré todo lo que esté en mi mano para salvar a Andrew. Ese chico tiene algo, quiero sacar a Liz, pero se a ciencia cierta que el va a ganar estos juegos. -Andrew O'conell, tu vas a ganar estos juegos- consigo decir antes de caer rendido.